La importancia de las competencias en el mundo laboral

Anteriormente, las organizaciones estaban interesadas en tener entre su capital humano, personas con conocimientos pertinentes para la posición a cubrir. Eso era lo que se consideraba talento, sobre todo porque la educación no era tan accesible para todos. Por muchos años se consideraba que el tener estudios te abría puertas y que entre más estudios tuviera uno, era mejor. Ya no bastaba una licenciatura o una ingeniería, había que tener además maestrías, doctorados y cualquier otro estudio complementario.

Con el tiempo esto evolucionó, pues las empresas se dieron cuenta que la gente salía bien preparada, pero no sabía hacer nada. Tenían los conocimientos, pero no la experiencia. Y eso afecta en las organizaciones. Pues mientras están pagando un salario por conocimientos, la realidad es que el empleado apenas está aprendiendo a hacer y mientras lo domina, la empresa se ve afectada en productividad, cargas laborales, etc. Las empresas se dieron cuenta, que lo que necesitan no es un diploma en la pared, sino alguien que pueda llevar a cabo ciertas funciones que beneficien la empresa.

Y entonces se optó por buscar personas con experiencia, lo cual ha resultado un poco difícil. Buscan gente con conocimientos y experiencia, pero no contratan gente sin experiencia, porque le cuesta a la organización los errores de los aprendices, las curvas de aprendizaje y demás. Se limitó el talento, pues no se contrataban a los recién egresado por falta de experiencia y estos no obtenían trabajo que les brindara la experiencia necesaria para conseguir un empleo. Dejando solo la posibilidad de empezar a trabajar en alguna empresa, a través de prácticas profesionales. Y entonces se recurría a contratar gente que aunque no fuera del campo de estudio de la posición a ocupar, se contrataba, pues contaban con la experiencia, de alguna forma u otra, para llevar a cabo ciertas funciones. Y así fue que empezamos a ver, ingenieros trabajando fuera de áreas de ingeniería, no financieros en áreas de finanzas, por poner algunos ejemplos.

Luego las empresas se dieron cuenta que no bastaba tampoco con la experiencia. El que alguien supiera cómo hacer algo, no es lo mismo a que pueda hacerlo bien hecho. Resultó que la persona debía tener ciertas características que pudieran ayudarle a tener un mejor desempeño. Esas características, que en conjunto son rasgos de personalidad, habilidades sociales, comunicación, hábitos y otras habilidades blandas, y que corresponden a la inteligencia emocional, más que a la racional o la relacionada con el conocimiento. Tiene que ver con la conducta, con la actitud y la motivación que tiene una persona para realizar una tarea.

Y es así, que surge el enfoque al reclutamiento por competencias, que es el que combina los conocimientos (sé hacer), experiencia (puedo hacer) y la actitud o motivación(quiero hacer). Esta combinación de factores, se relacionan con la capacidad de una persona para interactuar efectivamente con colegas y clientes y son de aplicación general, tanto dentro como fuera del trabajo. Las competencias laborales marcan en la empresa moderna una visión de calidad continua signada por desempeños exitosos.

Y unas de las ventajas que ofrecen, es que no son fijas; son evolutivas, mejorables, moldeables y modelables. Esto permite también contar con programas de gestión de competencias y programas de desarrollo de talento que permitan a los empleados el desarrollo de las competencias necesarias para el éxito de la organización.

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